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Mostrando las entradas etiquetadas como Ansiedad

Quiero ser un payaso cuando sea grande

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“¿Sí él que está tonto puede resolver multiplicaciones de dos dígitos, por qué ustedes no pueden?” Esas palabras las escuché de una maestra en mi segundo año de primaría que debió ser el tercero. Recuerdo que estaba aburrido en la clase, y los números me distrajeron por un momento mientras todo era silencio. No obstante, las palabras me dolieron como me dolía no estar en tercero, como me dolía haber repetido primero; porque ––por qué–– esas palabras me recordaban que seguramente yo era un tonto.  Por los pasillos de esa escuela escuchaba rumores, fragmentos de rumores. Y en las cenas familiares me escondía en el baño escuchando repeticiones de rumores mientras olía fragancias con aroma a licor mediocre y perfume de tienda departamental de medio pelo. Lo que escuchaba, lo que sentía, lo que percibía se puede resumir en una sola oración no religiosa, pero sí dolorosa: “Repitió primero de primaria porque en su nueva escuela pensaron que tenían retraso mental”. En ese momento, cuando e...

Carta a la ansiedad

Ansiedad, lo único que quisiera es que me dejes de seguir, de perseguir, de molestar, de fastidiar, de ser mi sombra en cada un momento en cualquier instante, en cada esquina, en cada suspiro. Por favor —te lo suplico—, dame un rato descanso, de repaso de buenas intenciones, y aleja de ni aquellos malos pensamientos con los que me envuelves con ceniza que no le deja de hablar a cada resquicio de mi paciencia y mi esperanza. Te lo ruego de buen corazón, desaparece, aléjate de mí por favor: —por favor déjame respirar una vez más aire fresco sin preocupaciones de un posible mañana o de las tragedias del futuro de aquella enfermedad que no sé si realmente tengo porque tengo mil culpas de todo aquello que hice mal un momento que no recuerdo o que avergüenza recordar.   Deja de abrazar mi pecho como si quisieras reconfortarme cuando en realidad quisieras enfadarme, preocuparme en demasía con la atención que de por sí ya tengo en vistas al pasado. Ya que tu sabes que yo sé que no puedo e...

Hablemos de ansiedad

 Pensaba escribir esto en mi publicación de final de año en esa plataforma donde la gente ama a escucharse a sí misma, así como al el eco de sus propios pensamientos alimentados por algoritmos que sólo buscan incrementar la ganancia de unos cuantos emprendedores y gentes detraje que se sienten libres. Sin embargo, mientras mis gatos planean matarse entre sí, me di cuenta que hablar de este tema requería su propio espacio: ––sobre todo por lo ridículamente íntimo que es––. Por consiguiente, dedico estas palabras para hablar de mi ansiedad. Hace poco mi directora de tesis me llamó la atención por mencionar el tema con uno de mis asesores. Y con base en mi pocas virtudes sociales considero que el comentario fue correcto. La gente no tiene que estar conociendo todo sobre tu salud mental ni sobre tus estados emocionales, así como las necesidades ligadas a estas. Aún así la palabra ansiedad es importante para mí. Y de alguna manera creo que debe de seguir siendo parte de mi carta de pres...

El fantasma de la ansiedad

Camina lentamente. Se esconde entre las piedras de tu alma. Busca calmarte destrozando los oídos con una, dos...diez llamadas; después silencio con una voz molesta y llanto. Aparece de nueva cuenta, con su traje fino y sombrero de copa y esos ojos llenos de tinieblas. Sujeta tu hombro con su mano fría . Sonríe esa sonrisa de la que quieres escapar mientras te dice al oído perforando tu mente: “nada estará bien”. Sabes claramente qué es pero no conoces su nombre. Forma una silla de neblina que se cristaliza frente a ti. Después, con un libro que saca de bolsa de hombro, comienza a contarte una historia de todos tus errores; exagerando tus culpas hasta que te hace caer al piso para verte llorar nuevamente. “Dame todas tus dudas. Encárgame todos de miedos. Deja que abrase tus temores para que haga con ellos finas ropas como las que llevo puestas; ya que, mi estimado comensal de este pedazo de tu alma que con felicidad he conquistado, no eres otra cosa que mí eslavo”.